Desde 1999 Europa regula las emisiones de CO2.  Y desde el pasado 25 de enero el Comité de Medioambiente (ENVI) que lidera el expediente en el Parlamento Europeo, dio un paso al frente con la presentación de enmiendas a la propuesta de la Comisión Europea, que establece un objetivo de reducción del 100% de las emisiones de CO2 para el año 2035.

O dicho de otro modo, este objetivo supone la prohibición de facto del motor de combustión interna.

Antes de entrar en materia cabe recordar qué es el Dióxido de Carbono. Y es que pese a ser positivo, ya que  genera el conocido como Efecto Invernadero, encargado de regular la temperatura de la Tierra. Su excesiva emisión, por parte de las  actividades del ser humano, está provocando un efecto más que negativo ya que está generando  que el calor que la atmósfera retiene esté aumentando rápidamente -unos 0,2 grados por década en los últimos 100 años- y eso ya no es algo tan bueno.

El reglamento del que hablábamos en el párrafo inicial de este post se basa en el objetivo de cero emisiones en el tubo de escape lo que supondría que los vehículos fueran exclusivamente eléctricos. Y aquí entra el debate, ya que los fabricantes se preguntan si realmente este enfoque es la mejor forma de avanzar pues  hay que tener en cuenta aspectos como el impacto en el empleo, los obstáculos actuales en cuanto a si es asequible, la capacidad de la red, el suministro de minerales críticos o la disponibilidad de energía renovable, entre otros muchos aspectos.

De hecho para  Eric-Mark Huitema, director general de la ACEA -Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles- estos objetivos son poco realistas.

Por un lado recalca la necesidad de que los vehículos de cero emisiones sean asequibles y estén al alcance de todos ya que corren el riesgo de enfrentarse a la pobreza de la movilidad si los coches se vuelven demasiado caros. Y por otro recuerda que si los ambiciosos objetivos de CO2 no van acompañados de objetivos realistas de despliegue de infraestructuras, o si su calendario no se ajusta a lo que es posible en la práctica, el impacto social y económico de una transición mal gestionada hacia una movilidad sin emisiones de carbono será enorme, recalca.

Otra de las razones por las que los fabricantes ven casi imposible conseguir estos objetivos es que la Comisión Europea no les da ni ellos ni a sus proveedores la posibilidad de adaptarse a tiempo para evitar grandes pérdidas de empleo.

Actualmente, la industria automovilística de la Unión Europea realiza grandes inversiones y apuesta por nuevas tecnologías para que la movilidad sin emisiones de carbono sea real y efectiva para 2050.

Se trata, por tanto, de conseguir dichos objetivos pero llegando a ellos de manera más eficiente.

 

Y es que la velocidad a la que se vaya produciendo esta transición junto con un marco normativo que sea realmente flexible y capaz de incentivar la tecnología de combustión avanzada y los combustibles renovables, además de la movilidad eléctrica, determinará el rumbo futuro para la subsistencia de todos los fabricantes europeos.

Fuentes, además de las facilitadas 

https://elpais.com/especiales/2019/el-co2-en-el-cambio-climatico/

https://ar.motor1.com/news/535689/co2-todo-lo-que-siempre-quisiste-saber-sobre-el-mayor-enemigo-de-la-industria-automotriz/

https://www.sernauto.es/sala-de-prensa/noticias/los-objetivos-de-emisiones-de-los-vehiculos-marcaran-el-rumbo-de-la-transicion-de-la-movilidad

https://soymotor.com/coches/noticias/fabricantes-objetivos-co2-2030-casi-imposible-994108

 

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