Los representantes de CIAC, ACAN, CAAR y AVIA que participaron en la mesa redonda sobre las tendencias del sector de automoción, en el marco de la celebración del II Smart Mobility Valencia han aportado una serie de conclusiones sobre dichas tendencias.

El sector del automóvil ha aceptado el reto de liderar la transformación hacia una movilidad sostenible e inteligente como la única posibilidad de supervivencia. Una movilidad que sí o sí debe de ser medioambientalmente responsable. Para llegar hasta este objetivo que, la Unión Europea tiene bien marcado, el sector trabaja en cuatro ejes fundamentales que, desde entidades como los clústeres de automoción, se lanzan e impregnan a sus asociados.

Estos ejes son, sin duda, la descarbonización del vehículo, la digitalización, el vehículo conectado y la movilidad como servicio.

La descarbonización del vehículo es un hecho incuestionable y ya hay varios fabricantes que han confirmado que a partir de 2025 todos sus vehículos serán eléctricos.

Las ciudades premian o penalizan la entrada a sus centros históricos en función del motor del vehículo y el próximo año 2023 los municipios de más de 50000 habitantes deberán perimetrar una zona central a la que no podrán acceder los vehículos de combustión. El vehículo sostenible y descarbonizado ha venido para quedarse. Y esto abre la persistente duda sobre la autonomía de las baterías, el tiempo de carga, los materiales que se usan y su suministro.

La relación con el medio ambiente por la extracción de estos materiales supone también un reto, dado que, en ocasiones son minas o yacimientos que no respetan no solo el entorno, sino los derechos laborales de las personas que trabajan en ellos.

A este escenario, unimos desde marzo de 2022 los efectos de la guerra, fruto de la invasión de Ucrania por parte de Rusia. El encarecimiento de la energía supone un reto para este proceso que parecía imparable.

La bondad de esta situación, si se puede encontrar algo bueno, es que se ha producido una aceleración en proyectos para el desarrollo de otros combustibles sintéticos, o del hidrógeno. Y esto permite a los fabricantes y a los proveedores abrir nuevas vías de trabajo dirigidas a nuevas formas de combustión. Es decir, la movilidad sostenible no es solo eléctrica.

El segundo eje del desarrollo es la digitalización y la necesidad de una colaboración efectiva público-privada. En este sentido, desde los clústeres de automoción hemos detectado la necesidad de atraer al sector de automoción a perfiles variados y, sobre todo, flexibles, con capacidad de aprendizaje y adaptación a sistemas y procesos que evolucionan rápidamente. La digitalización del sector no es solo la incorporación a los vehículos de software que permita una conducción más segura y controlada. La digitalización resulta un factor clave en la producción de vehículos para conseguir una fabricación más sostenible, y rentable. Donde los datos que proporciona todo un sistema conectado y digital que permita tomar decisiones en tiempo real y con todas las variables ponderadas. La digitalización como herramienta en la toma de decisiones, en la optimización de recursos y en una producción, de nuevo, sostenible.

Desde los clústeres de automoción, reconocemos que el vehículo autónomo es la tercera tendencia que se vislumbra desde hace años. La pandemia de 2020 ralentizó su introducción en nuestras vidas, pero la recuperación de cierta normalidad ha retomado los proyectos que van dirigidos a esta nueva manera de conducción. En julio de 2022, la Unión Europea dio luz verde a la circulación de vehículos autónomos de nivel 3 en el conjunto del territorio de los 27.

Este cambio, que es solo el inicio para llegar a un nivel 5 de total autonomía, permite que a los clústeres de automoción se acerquen y por, supuesto les demos entrada, todas las empresas de sectores relacionados con esa conectividad. A la quinta pantalla que supone la digitalización del vehículo, ahora unimos todos los sistemas de comunicación entre vehículos, entre infraestructuras y entre organismos y entes públicos que controlan y vigilan los desplazamientos de personas y mercancías.

El vehículo autónomo ofrecerá mejores rutas para optimizar trayectos, reducirá los accidentes provocados por negligencias humanas, y, sí, permitirá a las autoridades competentes tener un mayor control de las infracciones.

A cambio, es probable que dichas infracciones disminuyan cuando los vehículos puedan ayudar al conductor ante situaciones de colisión o accidentes.

Actualmente, las pruebas de vehículos conectados se realizan en circuitos cerrados, con vehículos industriales, en parques naturales o en territorios lejanos como Australia para el transporte de mercancías por carreteras rectilíneas. La llegada a Europa del vehículo autónomo permitirá, de nuevo, la inclusión en el sector de las nuevas disciplinas tecnológicas relacionadas con las telecomunicaciones.

Y, por último, la cuarta tendencia que hemos detectado en el trabajo diario de los clústeres es la transformación hacia la movilidad como servicio.

La reducción en la fabricación de vehículos puede atribuirse a causas como la crisis de 2008, como la crisis del COVID en 2020, la actual situación de crisis energética y de componentes… pero lo cierto es que los consumidores han cambiado el uso del vehículo y optan por diversas modalidades de transporte. Ahora se trata de responder a la duda de cómo me desplazo entre el punto A y el B. No importa el transporte.

Así, este cambio de paradigma provoca que los jóvenes no se saquen el carné de conducir. Según un estudio de Uber, solo el 58% de los jóvenes de la generación Z -nacidos a partir de 1995- se ha sacado el carné, frente al 81% de los nacidos en el baby-boom -1946-1964-.

Las causas son diversas. Desde económicas, hasta medioambientales, pasando por el incremento de oferta de transportes alternativos, principalmente en las ciudades.

De este modo, la tarea de las empresas de automoción y el trabajo que tienen que hacer los clústeres es el de poner al cliente y usuario en el centro de la acción.

Los consumidores alquilarán vehículos o los compartirán. Por tanto, exigirán que sean confortables y cómodos, que ofrezcan seguridad, servicios adicionales -desde wifi hasta información en tiempo real de la actualidad, el tráfico o sus intereses-, que le conecte con otros vehículos secundarios que pueda utilizar…

¿Y qué papel juegan los clústeres de automoción en esta nueva situación?

El papel de estas entidades debe de ser la de colocar las luces largas y aportar una visión a medio y largo plazo a sus asociados.

Estar cerca de ellos en el día a día, pero también aislarse de las prisas de la ejecución y de las cuentas de resultados para ofrecer a sus asociados la información externa sobre tendencias, legislación, casos de éxito, novedades… que permita a los empresarios desarrollar con más exactitud sus planes y previsiones.

En este nuevo escenario de la movilidad, los clústeres jugamos un papel fundamental para ayudar a las empresas en sus mejoras de procesos, en provocar la colaboración entre empresas -del mismo clúster o de otros para favorecer negocio y crecimiento de empleo y riqueza-, reducir las barreras para provocar dichas colaboraciones y sobre todo, ser el eje de conexión entre la colaboración público y privada. El nexo que ayude a las empresas, especialmente las Pymes.

Se trata de una tarea ardua y más en los tiempos actuales de incertidumbre política internacional y económica. Sin embargo, es el papel que los clústeres jugamos y que nuestros asociados esperan de nosotros.

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