La carencia de microchips que está afectando drásticamente a la producción de vehículos tiene un conjunto de razones que no se pueden abordar desde una sola perspectiva, ni desde un solo estado. Mucho menos desde una sola comunidad autónoma. En el caso de la automoción, uno de los sectores más afectados por la carencia de microchips, cabe destacar que, cada contiene, de media, unos 100 chips.

Con este dato encontramos problemas coyunturales. Junto al elevado número de chips que utiliza cada vehículo, la pandemia trasladó la demanda del sector del automóvil hacia otros sectores como ordenadores, videoconsolas, táblets, y todo tipo de elementos de conectividad.
Con la reactivación de la producción de vehículos, más rápida delo que los fabricantes de microchips esperaban, estos han priorizado a los fabricantes de equipaciones informáticas.

Otro motivo coyuntural de esta carencia de microchips para el sector del automóvil está en su punto de fabricación. El 80% de las unidades se fabrican en Corea del Sur y Taiwan, estados que sufrieron también la pandemia de forma virulenta y que tuvieron que ralentizar o cerrar sus fábricas afectadas por el virus. Esta situación también provocó una escasez de suministro.

Factores estructurales:
Sin embargo, estos factores que pueden ser puntuales y que podrían solucionarse a medio plazo, se unen a una situación estructural cuya resolución es más compleja y que se puede alargar entre tres y cinco años.
De un lado, sería deseable y necesario que cada continente acogiera una fábrica de microchips que garantizara el suministro para sus industrias, sin la dependencia de Asia, y sin la dependencia del transporte internacional -que además, también se ha encarecido notablemente-. La instalación de fábricas de microchips necesita una importante inversión que ronda los 15,000 millones de euros y un tiempo estimado de un año y medio. Es decir, necesitaría el consenso de varios estados, y de una definición estratégica para todo el continente. Si pensamos en Europa, la decisión de instalar una fábrica de microchips es estratégica para el conjunto de la Unión, aunque se abra una pugna entre estados miembros por albergarla en su territorio.
Estados como Alemania u Holanda ya han anunciado la posibilidad de montar una fábrica en sus territorios.
Por su parte, tanto China como Estados Unidos sí han anunciado estrategias dirigidas a su abastecimiento.

Así, la situación actual, con todas sus causas, pone sobre la mesa la necesidad de que Europa y España movilicen cuanto antes recursos para ser independientes desde el punto de vista tecnológico. El futuro de los estados y su autonomía pasa por la soberanía digital y este aspecto solo se puede ganar con la seguridad del abastecimiento para la producción de los nuevos productos.

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