De las grandes tendencias hacia las que se dirige el vehículo -eléctrico, autónomo y conectado- este último es, posiblemente el que está más cerca de materializarse y de convertirse en una realidad en los próximo 10 o 15 años, según el informe elaborado por la consultora KPMG para AVIA.

El vehículo conectado supone para la industria un reto tecnológico en el que tendrán especial protagonismo las empresas de software y hardware y este es uno de los motivos, entre otros, por los que en la última asamblea de AVIA, celebrada en Mayo de 2019, se ha abierto la entidad a empresas de estos perfiles tecnológicos que tanto peso van a tener en la composición de un vehículo. De la misma manera que un día nos sorprendimos al darnos cuenta de que solo el 30% del automóvil era un componente metálico, ahora debemos asumir que un porcentaje elevado de su desarrollo estará relacionado con la conectividad.

Hay otro dato que nos interesa destacar, la producción de un vehículo conectado generará más ingresos que 10 coches convencionales, según una información del diario Expansión.

La conectividad del vehículo viene definida en tres grandes áreas. De un lado, el uso de las TIC en la propia conducción del vehículo; la conectividad del vehículo con las infraestructuras y con el exterior; y, por último, la conectividad entre los ocupantes de los otros vehículos.

A día de hoy ya usamos aplicaciones móviles que nos permiten que nuestro vehículo esté conectado con el exterior. El navegador que usamos varía la ruta en función del tráfico o nos muestra las gasolineras más cercanas. Estas utilidades que nos ofrece el teléfono móvil estarán integradas en el vehículo. Como por ejemplo que el coche no pueda circular fuera de un determinado punto…. Útil si prestamos el coche.

Toda esta conectividad nos permitirá trabajar en el interior del vehículo -siempre que no seamos el conductor- navegar por internet y tener acceso a todo tipo de contenido multimedia.

Se prevé que para el año 2030, el 70% de los vehículos que circulen por Europa y Estados Unidos será conectado, y el 100% en el caso de China.

 

Esta irrupción de la conectividad abre numerosas cuestiones. Por ejemplo, los fabricantes de vehículos y sus proveedores deberán trabajar no solo en los procesos de producción y venta, sino que también deberán orientarse hacia diferentes tipos de usos y a otros ciclos de vida del coche.

Este punto nos lleva a otro reto. Los vehículos deberán actualizarse anualmente. De los modelos actuales con una vigencia de entre 5 y 8 años -con su restyling habituales- pasaremos a la necesidad de que cada usuario actualice sus aplicaciones y utilidades como medio para que su vehículo cuente siempre con las últimas incorporaciones tecnológicas.  Ante este cambio, ¿ocurrirá con los coches que deberemos cambiarlos cuando su software ya no admita más actualizaciones o cuando sus dispositivos mecánicos envejezcan? Y se abren otras incertidumbres como si el blockchain jugará un papel relevante en los vehículos, o si los coches sufrirán de obsolescencia tecnológica como ya ocurre con los teléfonos móviles.

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